Como todo sueño sobre cacerías, éste no fue distinto. Se fue gestando entre charlas con mi amigo Eduardo Vidal en el bar del TFA, buscando y opinando sobre distintos destinos.
Así llegamos a una conclusión: tenía que ser “free range”, en carpa (con todo lo que eso implica), paisajes increíbles, absoluta soledad en el área y esfuerzo en lo que quisiéramos cazar.
Teniendo en cuenta el alto valor monetario de estas cacerías y que las posibilidades de fracaso son posibles, hay que tener valor para aceptar la FRUSTACIÓN consiguiente.
Volviendo a la selección de cacerías, surgió la palabra mágica: alces en Alaska o en Yukón, el Big Moose (o Mickey Mouse como le dicen algunos ahí).
¡Genial! Ahora nos faltaba definir el lugar: Alaska (USA) o Yukón (Canadá). Según datos que tomamos de varios folletos y revistas, más un viaje que hice a Reno, nos conectamos con Yukón y Alaska y comenzaron a llegar los presupuestos por mail, todos similares con respecto al Big Moose.
Hay que aclarar que el big moose es el que se encuentra
en Alaska y Yukón. Hay además tres subespecies,
generalmente son más chicas (la envergadura
de sus palas no superan los 58 pulgadas promedio).
El Western Canada Moose (Alces Alces Andersoni)
que se encuentra en todo British Columbia,
el Eastern Canada Moose (Alces Alces Americana)
y el Shiras Moose (Alces Alces Shira). La cacería
de estos tres últimos tiene menor precio, pues
se realiza más cerca de centros urbanos.
Algunos ofrecían cacerías en lanchas tipo de pesca (gomones) que recorren los lagos y se hace el avistaje de los alces y osos (generalmente negros), se desembarca y se busca la posición de tiro. Sin embargo, no nos convencieron las imágenes que mostraban.
Finalmente Edu se conectó con Chris Widrieg, de Whitehorse, un pueblito que hace de base de operaciones para cazar en el Yukón. Para nuestra decepción, nos informó que debíamos esperar un año y medio (casi dos) para obtener fecha. Asimismo manifestó que estaba muy ansioso por recibir cazadores argentinos y que lo único que sabía de nosotros era lo típico (carne, tango, caza de pluma y la Patagonia).
Nos impresionó mucho su página web por la sobriedad, por los precios, que eran mínimamente más caros que el resto y por el hecho de que la mayoría de los cazadores que daba como referencia eran procedentes de USA.
Me puse en contacto con algunos de ellos, quienes manifestaron que preferían cazar en Canadá por considerar que los canadienses son muy serios y que en Alaska, si bien hay muchos guías, sólo unos pocos son buenos y serios, por lo cual elegían Yukón para el Alce. Nos enteramos, además, que el padre de Chris siempre había alquilado los terrenos al gobierno canadiense, tanto para caza mayor como para pesca. Pero lo más atractivo de todo era que las cacerías son organizadas a caballo y en campamentos móviles (carpas), muy del estilo de parques nacionales acá. Esto, sumado a las fotos que vi en su web, fue más que suficiente para elegirlo, aún debiendo esperar casi dos años.
En el área de Chris Widrieg se puede cazar Alce
(Big Moose), Dall sheep, Caribú, Oso marrón (7
pies como mucho), Oso negro, Lobo y Wolwerine.
La temporada de caza mayor se divide de la siguiente
manera: empieza en junio/julio con el Oso
marrón, en julio/agosto con el Dall sheep, en
agosto/septiembre/octubre con el Alce y siempre se
pueden combinar con un Caribú. La combinación
es Moose-Caribú y Dall sheep-Caribú, más un Oso
negro, aunque éste es muy difícil de avistar.
Finalmente, les cuento un poco más de Chris. Tuvo un infortunado encuentro con una osa que lo sorprendió y se le abalanzó una fría mañana mientras recogía leña en un campamento. Por suerte la osa siguió su camino y el salvó su vida milagrosamente, siendo trasladado por un hidroavión a un hospital de Whitehorse, lamentablemente dejando un lado de su cara desfigurada.
El permiso de caza, que siempre debe llevarse encima para el caso de ser requerido por el guardaparques, incluye una explicación breve pero muy didáctica de cómo evaluar a campo un trofeo de Alce, Dall, Oso (marrón /negro). El Oso marrón requiere un permiso aparte.
Así pues, después de decidir el guía y los trofeos,
empezamos con las visas, el depósito de la seña,
los pasajes y la obtención de alguna
ropa más específica (rompevientos
e impermeable). Chris nos
mandó una ficha para llenar con
nuestros datos personales y otros
tales como peso, conocimiento
sobre cabalgatas, comidas preferidas
y hasta una lista de implementos
necesarios para esta clase
de cacería. También nos informó
sobre las líneas aéreas más “hunter
friendly” que otras y hasta de
una carta de invitación necesaria
para la visa de entrada a Canadá.
La visa requiere llenar varios formularios,
la presentación de la situación
fiscal en regla y la referida
carta de invitación. La visa te la
otorgan con una duración de seis
meses, pero con una sola entrada.
Asimismo, en el Consulado, entregan el permiso para introducir el arma en Canadá, pero la señora que nos atendió en la embajada de Buenos Aires nos desalentó un poco al respecto.
Si bien siempre me gusta llevar mi propia arma, con mis recargas, resultaba complicado e incómodo si queríamos visitar algunas ciudades en Canadá. Le consultamos a Chris y nos ofreció en préstamo un 30-06 Winchester con una Leupold 6x42 y un 300 Wmg Vanguard con una 3-9x40 Leupold también, con retículo dúplex. El préstamo incluía también dos cajas de balas sin costo ¡Que buena onda!
Los vuelos eran bastante largos: Buenos Aires – Santiago / Santiago -Toronto (primer avión), Toronto - Vancouver (segundo avión), Vancouver - Whitehorse (tercer avión), Whitehorse - hotel y a dormir!! El total de horas de vuelo fue alrededor de 26 más una espera en Vancouver de 5 horas.
Igual lo peor estaba por suceder: cuando llegamos
al Aeropuerto de Whitehorse, muy tarde y fulminados,
mi segundo bolso no se encontraba en la
panza del avión ¡NOOOOOOO! grité en pleno
ataque de nervios ¡para esto esperé casi 2 años!
Para peor, no había nadie esperándonos y la línea
aérea ya había cerrado su oficina, por lo que no había
a quien hacer el reclamo. Nada podíamos hacer
hasta la mañana siguiente.
Tomamos un taxi rumbo al hotel que habíamos reservado. Como eran las 23.00 hs no se podía comer y no había nada abierto, salvo una despensa que vendía algo de alcohol donde me compré un Jack Daniels, que tomé en mi habitación y me dije: “Todo va a cambiar mañana, seguro que el bolso aparece”.
Al día siguiente, durante el desayuno, apareció una señora de rasgos esquimales y me preguntó si éramos argentinos. Resultó ser la persona que nos tenía que haber esperado en el aeropuerto, excusándose por su ausencia. Le conté la falta del bolso, diciéndole que sin él no me subiría al hidroavión ni loco, ya que contenía lo más importante (prismáticos, bolsa de dormir de duvet 1,2 kg (fundamental), borceguíes, etc.). Me contestó que al mediodía seguramente el bolso me estaría esperando en el aeropuerto y si no, debería comprarme todo allí nuevamente.
Por eso les doy una recomendación: llegar un día antes por cualquier olvido propio o pérdida, sobre todo tratándose de un área en la que no hay muchas chances de compras. Whitehorse es un pueblito de leñadores con una calle principal en la que uno puede comprar cosas relacionadas con la caza. Llegó finalmente la hora de ir al aeropuerto, casi al mediodía (sólo hay de 2 vuelos por día). Casi resignado me presenté en el mostrador y el empleado, antes de que yo le hiciera ninguna pregunta me dijo: Esto es suyo? grité un ¡Yess! Y allí estaba el equipo completo.
Ya con el espíritu positivo nos fuimos al hotel donde comimos temprano, charlamos un rato y después del otro 50% del Jack Daniels en mi organismo, nos fuimos a dormir para embarcar en el hidroavión a la mañana siguiente.
Al otro día empezó la cacería propiamente dicha. Salimos aproximadamente a las 6:00 AM, previo desayuno ligero. Nos esperaba un hidroavión de 5 cinco plazas, en un lago cercano a Whitehorse, que es el hidropuerto local.
En el avión, además de nosotros, iban un canadiense con su hijo y un sueco que hablaba muy bien español quienes cazarían con la misma empresa que nosotros. El sueco nos contó que en el vuelo por Lufthansa le perdieron su rifle, que encontraron después del 7° día de caza. Como verán, la temática de las armas es complicada.
Tras 2 y ½ hs de vuelo llegamos al “Base Camp”. Allí
dormiríamos una noche en unas cabañas de machimbre
con estufas a gas y probaríamos nuestras
nuevas armas con un par de tiros a un blanco.
Estaba previsto partir a la mañana siguiente alrededor
de las 8.30 AM con los caballos y el guía, y no
volveríamos hasta dentro de 10 días. Generalmente
se sale cada uno con su guía, pero como Edu no habla
bien inglés al principio fuimos juntos con los dos
guías, más ocho caballos (dos para nosotros, dos
para los guías cuatro pilcheros y recambio) el cortejo
total! Nuestros guías eran Peter y Daryell, ambos
de origen esquimal.
Después de un recorrido infructuoso, la primera noche dormimos a cielo abierto bajo un toldo sobre los cojinillos de los caballos. Estos caballos llamados “pilcheros” transportan la ropa, las carpas, la comida, etc. en unas cajas plásticas colocadas a ambos lados de las monturas.
Llegando al otro día al lugar donde acamparíamos en forma definitiva, apareció un hermoso oso comiendo un pichón de Caribú al que filmamos, me lamenté no tener licencia para cazar oso. Tenía, según el guía, casi 8 pies lo que no es muy común para esa zona donde no superan los 6 o 7. Pensé entonces que, de volver a ese lugar, compraría una licencia para el oso. Finalmente, después de 42 km de cabalgata (medidos por GPS), llegamos al lugar de acampe.
Aconsejo llevar GPS y comprarse las cartas geográficas del lugar que pueden conseguirse en una armería de allí, para tener una idea clara del lugar ante cualquier necesidad o bien si algo le pasara al guía. También es importante aprender el uso del teléfono satelital, al que hay que poner un código para que empiece a captar señal.
Esa noche los guías se acomodaron al lado del fuego
con la misma lona que usamos el día anterior y yo
les dije que me gustaba el contacto con la naturaleza
pero… “¿no hay una carpita muchachos? “ Nos
dieron una carpa de tipo militar de 1916 sin piso, así
que usamos los cojinillos de los caballos más las
bolsas de dormir, eso era todo “¿vos querías naturaleza?”. La carpa tenía un par de agujeros calibre 700
nitro express, que nos hizo recordar que siempre
que se sale de adentro de la bolsa de dormir en la
carpa a la madrugada temprano hay que abrigarse
bien.
Los guías eran bastante parcos, hablaban poco y el de Edu, además, poco observador por lo que él volvió sin cazar. Si bien Edu se resignó a ello, cuando volvimos al campamento lo hablamos con Chris planteándole esta situación. El supo comprender, lo que dio origen una segunda cacería de ambos en el Yukón en el 2011… pero esa es otra historia.
La cacería del alce se desarrolla cerca de los lagos ya que este acostumbra a andar por esos lugares. Todos los días eran iguales. Nos levantamos alrededor de las 7 de la mañana, salíamos a caballo luego del desayuno con un guía cada uno rumbo a distintos lados, buscando a media altura en las montañas y mirando con los prismáticos hacia los valles, mientras comíamos nuestros sándwiches, que llevábamos en las mochilas (¡con jalea! más una manzana o naranja) y permanecíamos sentados hasta ver algo. A eso de las 18:30, si no habíamos visto alguna presa, empezábamos lentamente el descenso al campamento. Las comidas a la noche por suerte eran más copiosas.
Las cabalgatas nunca eran
menores de 12 km, entre ida
y vuelta, volviendo entre las
20 y 21 hs a comer, charlar
muy poco y dormir ya que estábamos
muy cansados. En
Canadá usan las monturas tejanas
donde uno se sienta directamente
en una silla sin el
típico “corderito” y el asiento
es sumamente áspero, se
te van las ganas de hacerte
el zorro en un par de días.
A decir verdad no vi muchos
Alces, pero los que
aparecieron (cinco, en
nueve días) eran buenos a
muy buenos como trofeos.
Filmé varios. No estaban
en brama, pero se los veía
muy lejos aún con los
prismáticos. Si se aprecia
un trofeo como cazable,
recién ahí se inicia la
aproximación.
Luego de 6 días así y sin
novedades, estando semidormido
en una ladera,
con mi famoso “sándwich
de jalea” más mi manzana
reglamentaria, Peter me
hizo mirar al otro lado de
la ladera. Le presté mis
zeiss y observando hacia abajo de la ladera se veía
algo parecido a una “aleta” de tiburón color marrón
oscuro que sobresalía de un pajonal, el resto del
cuerpo no se veía. Eso no me lo olvido más. Se trataba
de un moose hechado hacia un costado y sobresalía
parte de la paleta, que daba esa impresión
de “aleta de tiburón”. Está durmiendo dijo el guía
pero mágicamente el alce se paró, Peter me indicó
que el animal era bueno porque ambas paletas lo
eran (muchas veces una paleta está perfecta y la otra
rota por alguna pelea entre ellos).
De pronto se lo vio bien, estábamos a 300 metros por encima de él. “Tiene aproximadamente 64 pulgadas” dijo Peter “¡más que bueno!”. Pero “Mickey”, durante estas apreciaciones, desapareció de nuestra vista, mientras descendíamos por la ladera, nosotros siempre arriba de él y me empecé a frustrar un poco ya que faltaban 4 días para terminar la cacería.
Peter me indicó sacar el seguro del rifle. Repentinamente el Alce apareció a unos 80 m de perfil, mientras Pete le bramaba y él le contestaba.
Le entregué la cámara para filmar el tiro y disparé. El Moose cayó como plomo y desapareció de mi vista.
Si bien Peter me dijo que estaba muerto, recargué el arma por las dudas. A casi 5 m del animal, se levantó, salió corriendo y le volví a tirar mientras Pete me decía: “¡ah no! no está muerto, pero pronto caerá” y efectivamente se desplomó a 200 m. Al acercarnos se volvió a parar y encaró a Peter, pero se desplomo solo.
Alegría infernal, mil fotos (no de muchas posiciones ya que no es fácil mover un alce). Lo cuereamos, sacamos parte de la carne y al otro día debimos volver por el resto ya que no se puede abandonar casi nada, de hecho esto es obligatorio y está previsto en el contrato en el que aclara que se puede llegar a perder un día de cacería para despostar todo. Cargar la cabeza del animal sobre el caballo nos costó un rato largo, llegamos al campamento muy entrada la noche, a eso de las 22:30.
Luego de un día de descanso, fuimos tras el Caribú.
Yo cacé la variedad de montaña, que se encuentra
en las Rocky Mountains. La verdad, para mi la cacería
ya estaba terminada. Igual el caribú me llevó
dos días. A pesar de que no le di demasiada importancia
inicialmente, a la cacería de este animal, porque
se veían en cantidad, pero igual fue tanto o más
dura que la del alce. Tuve que disparar a 250 m a
ellos en movimiento. Allí, en los riscos de esa montaña,
también conocí los famosos Dall Sheep y me
dije que cazaría uno si llegaba a verlos otra vez. Impresionante
ver como saltan de piedra en piedra.
Luego la misma historia, cargar cabezas en los caballos
y volver al campamento. Lo hermoso de esta
cacería, es que combiné un
trofeo de media ladera de
montaña y el otro en el filo.
Al otro día hicimos 13 horas
de marcha a caballo hasta el
lago donde, al día siguiente,
iba a acuatizar el hidroavión
para volver a Whitehorse y
allí dormimos en otro campamento
base. En el viaje de
vuelta nos topamos con fuertes
vientos cruzados que movían
demasiado (¡muchísimo!)
la avioneta, lo que me
hizo recordar algunas oraciones
que hacía rato que no
pronunciaba. A causa de estos
vientos demoramos unahora más de lo previsto, pero llegamos!
En resumen, esta es una cacería con mucho caballo
(casi unos 170 km en total). Las temperaturas en esa
época (septiembre) están entre una máxima de 17°C
y unos -2°C. Es recomendable llevar borceguíes de
caña alta, medias de gore-tex, camperas livianas
pero que rompan el viento y resistan la humedad
ambiente. Las caminatas se realizan sobre una especie
de tundra, vadeando muchos arroyos y lagos
generalmente a caballo, ya que la temperatura del
agua es muy baja todo el año. Son inmensos valles
que se cortan por los brazos de los lagos del “Snake
River”, llenos de pinares.
Mi alce terminó quedando el primero en el ranking
a esa fecha y segundo en esa temporada. Tenía unos
64 ½ pulgadas en total. El primero fue de 68 pulgadas.
Las pulgadas se miden según envergadura ósea
desde la punta de un extremo de la paleta a una
punta del otro extremo de la misma. Tiene 1,66 m
de envergadura. El record de Alce que está en el
museo en Whitehorse es de 74 pulgadas (1,87mts).
Para hacerse una mejor idea del lugar pueden buscar
en Google Earth, ponen Whitehorse en el buscador,
y les paso algunos waypoints - coordenadas:
Base camp: N 64 32 038/W132 19 997 (grados-minutos-
segundos). Lugar donde cace el moose: N 64
20 911/W131 35 149 (grados-minutos –segundos).
Lugar donde cacé el Caribú: N 64 23 102/W131 36
171. Fly camp: N 64 22 166/W 131 40 376.
Al año siguiente volvimos por una hermosa pero mucho más desgastante cacería de montaña, de los famosos Dall Sheep. Dedico estas humildes palabras a mis padres, hermanas, cuñados, sobrinos (ahijado futuro cazador??) y mi novia antes… hoy futura mujer!
Saludos a mis queridos amigos cazadores!!! Hasta la próxima!!!